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El envenenado
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viernes 05 de octubre de 2012
En agosto le dijeron que le quedaban seis meses de vida. Ahora un tratamiento le devolvió la esperanza, pero su obra social lo abandonó a su suerte. Esta es la historia de Fabián Tomasi, un hombre que da testimonio con su voz y su cuerpo de los estragos que causan los agrotóxicos y la desidia gubernamental.
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Alfredo Hoffman
Polineuropatía tóxica. Una enfermedad tan difícil de explicar para quien no sabe nada de medicina como dolorosa y paralizante para quien la sufre. Los científicos dicen que la polineuropatía es un proceso simétrico, generalizado, generalmente distal y de instauración gradual que afecta a los nervios periféricos. La polineuropatía originada por una intoxicación tiene como síntomas clínicos la disfunción sensorial simétrica de las partes distales de las extremidades, que llega a la debilidad muscular de los dedos de las manos y de los pies y la pérdida de los reflejos sensitivos profundos. Fabián Tomasi, vecino de Basavilbaso, comenzó a experimentar esas complicaciones en su salud hace años: perdió masa muscular, padece infecciones en articulaciones, afecciones digestivas y respiratorias y ardores en la piel. Su imagen es la de un hombre muy delgado, que apenas se mueve y a quien los dolores en el cuerpo no lo dejan dormir. La causa de todo esto: su larga exposición descontrolada a los agrotóxicos.

Fabián tiene 46 años. Se hizo conocido fuera de Basavilbaso por una entrevista del programa de Telefe La Liga, en 2008. Hasta que se enfermó trabajaba en la empresa Molina y Compañía, de Urdinarrain –40 kilómetros al sur de Basavilbaso– manipulando todo tipo de agroquímicos. La firma se dedica a las pulveraciones aéreas y terrestres y se presenta así en su sitio web: “Somos una empresa agrícola, que con la confianza de nuestros clientes, con seguridad e idoneidad, planteamos cubrir las más variadas necesidades del campo”. Su lema es “eficiencia y seguridad al servicio del campo”.

Seguridad al servicio del campo, no al servicio de los trabajadores. Tomasi, su cuerpo, son reflejo de esa cruda realidad y él lo explica con pasión, con voz cansada pero potente. Son las 12 del mediodía y se levanta de la cama para hablar por teléfono con Telaraña. No puede dormir de noche por los dolores, así que su día empieza siempre a la hora que sus vecinos se acuestan a dormir la siesta. Se levanta y atiende porque tiene poca prensa, dice, entonces aprovecha cada vez que lo llama alguien que se presenta como periodista para hablar largo y tendido de su historia y de su larga batalla contra las fumigaciones.

—Yo trabajaba en una empresucha, Molina y Compañía, quiero que esto lo marqués, cuya dueña en este momento es la señora María Elena Spiazzi viuda de Molina, una eterna defensora de las fumigaciones aéreas, creo que aún presidenta de la Cámara de Empresas Agroaéreas Entrerrianas. Y trabajé en negro ahí, sin ningún tipo de protección, de short, mientras ellos nos miraban atrás de un vidrio, con un sueldo miserable de empleado rural, exponiéndonos a millones de litros de veneno. Y es hasta el día de hoy que esta gente está escondida como grandes cobardes que son, están escondidos, quiero que esto textualmente salga en la nota. Cobardemente me soltaron la mano, cobardemente me soltaron la mano. Empezaron a aparecer, quisieron darme plata, yo no la acepté y es hasta el día de hoy que yo he tratado de que esta gente reaccione, que discutamos del tema, de lo sustentable de la porquería que ellos hacen, que me expliquen, y es hasta el día de hoy que no he tenido la oportunidad de que esta gentuza me dé la posibilidad de discutir sobre el tema.

—¿Vos qué hacías?¿fumigabas en avión?

—¡Nooo, yo era peón rural, mijo! Yo era empleado rural, si hubiese fumigado en avión, habría tenido los medios para curarme, como hacen ellos cuando se infectan. Pero ellos también se perjudican, eh. Eso sí: nunca lo van a relacionar directamente con el veneno. La empresa donde yo trabajaba es de fumigación agroaérea: aviones. Nosotros en un tacho de aproximadamente 200 litros, vertíamos todos los venenos. Eso iba a una bomba, cuando el avión aterrizaba se enganchaba una manguera, prendíamos la bomba y vacíabamos el tacho del preparado. Nunca hubo un ingeniero agrónomo controlando la cantidad. Nunca vi una receta agronómica. No existía. O sea: si venían 40 bidones de 20 litros, se echaban los 40 bidones de 20 litros, porque el dueño del campo decía: 'mirá, con lo que me salió, que no sobre nada, para qué me lo voy a llevar a casa'. O sea, ni siquiera se respetaban los gramos que la pseuda receta agronómica le había dado. Esa es la negligencia que había. Y después uno lo escucha a De Ángeli decir: esto es culpa del gobierno, porque si esto está es porque el gobierno lo autoriza, o sea, es como que el que mata no se hace responsable de sus balas.

—¿Con qué productos tenías contacto?

—Con el que vos te imaginés. Nunca hubo control de nada. Toda clase de productos vencidos, del mercado negro, de todo. Todo lo que se podía, se echaba. Convengamos que cuando yo estaba era arroz, girasol, no tanto soja. Por eso yo digo que si bien el Glifosato es malo, yo he trabajado con venenos extremadamente prohibidos, he trabajado con 2.4D, con todas sustancias totalmente prohibidas. Las trabajábamos en cuero, con unos calores tremendos, lavábamos los aviones, nos caía todo el veneno, trabajábamos en el campo, comíamos abajo del ala del avión. Negligencia total. A mí nunca, nunca, me dieron la posibilidad de hacer un curso de capacitación de cómo debe hacerse para realizar un trabajo denominado peligroso o riesgoso. Nunca. Y es hasta el día de hoy que no se hace. Cuando asistí a la Cámara de Diputados, que estaba toda la Cámara Agroaérea ahí, estaba esta señora Molina. En un momento le dije... era la reunión en que Andrés Carrasco (investigador del Conicet y titular del Laboratorio de Embriología Molecular de la UBA) vino a la Cámara de Diputados una mañana, te acordás, que estaba el proyecto con el que querían prohibir las fumigaciones aéreas, que ahora lo cajonearon también –efectivamente, al buscar en los archivos Fabián aparece en las fotos sentado en primera fila en una de las bancas de los legisladores y también se puede encontrar una transcripción de su intervención de ese día–. Yo me presenté de sorpresa, y estaba esta señora ahí. En un momento del poquito tiempo que me dejaron hablar, digo: 'yo trabajé en negro, me expusieron a los venenos, que lástima que no haya nadie de la empresa que pueda rebatir lo que estoy diciendo'. Y esta mocosita no reaccionó. Con esa mugre cargo en mis espaldas.

—Aquella falta de control que vos sufriste, ¿continúa?

—No ha cambiado nada. Estaba leyendo que en Casilda prohibieron el Endosulfán, el Nonil Fenol y el 2.4D. ¿Sabés cuántos años hace que está prohibido el 2.4D en el país? Casilda sacó un decreto diciendo que no se puede fumigar con esos tres producto porque son franja roja. El  Endosulfán se sabe que produce malformaciones, cáncer, muertes. La ONU lo dijo. Entonces en Argentina lo prohibieron en diciembre, la Cámara de Diputados declaró que no se podía ocupar. Resulta que el Senasa, al ver la cantidad de stock que hay en el país de este producto, decidió dar permiso para que se siga fumigando hasta el 2013. Y esto que te digo no es un chiste. O sea, los que mueran desde que se prohibió hasta el 2013 están dentro de las condiciones que estos diputados pusieron para habilitar que se siga vendiendo, para no causarle un problema económico a esta pobre gente.

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Spiazzi en su muro de Facebook

Seis meses de vida

Por estos días Tomassi realiza un tratamiento médico en el instituto Adelo (Asociación Argentina del Ozono), en Buenos Aires. Va dos veces por semana: los lunes y los viernes. Es un tratamiento de terapia neural, ozonoterapia y otros métodos que lo están haciendo recuperar los músculos de la espalda y de los brazos, que había perdido. Los dolores de los pies se le han ido totalmente. Falta mucho de tratamiento todavía, pero siente una mejoría y está contento con eso. Lo que le preocupa es el elevadísimo costo económico que tiene todo esto: no sólo los gastos médicos, sino también la movilidad, ya que por su condición está forzado a viajar en remís.

—Cuando llego allá y me hacen la evaluación para hacer este tratamiento, que fue el 3 de agosto, un grupo de médicos encabezados por el doctor Roberto Trombetta, determinan que me quedaban solamente seis meses de vida por el deterioro de mi organismo, por lo mal que estaba todo lo que era muscular, pulmonar y todas esas cosas. Este hombre es un médico clínico, Roberto Trombetta, que aparte me realiza terapia neural, que son aplicaciones de procaína en todas las partes del cuerpo. Muy doloroso, pero muy muy efectivo. Me ha cicatrizado los pies. Al principio no iba calzado, ahora puedo calzarme, se me empezaron a notar los músculos de la espalda y todas esas cosas.

—¿Cómo te diagnosticaron la enfermedad?

—Yo fui a Paraná por la jubilación, me llamaron a la junta médica. Ahí determinaron polineuropatía tóxica o enfermedad del zapatero, se llama, porque todo aquel que respira los solventes que tiene el pegamento del calzado se enferma causando neuropatías. Los de Paraná decretaron eso, polineuropatía tóxica, lo relacionaron directamente con la exposición a los agrotóxicos. Y cuando voy a Buenos Aires y hablo con el doctor Trombetta, directamente él dice que es la primera historia clínica que dice intoxicación por contacto con agroquímicos. En el hospital público de Basavilbaso no se habían animado, no se habían animado, te recalco, a poner que lo mío era intoxicación por agroquímicos. Por dos razones: una por su compromiso político, de lo cual me hago cargo, y otra porque la medicina de este tema aún no sabe nada. Convengamos que esto es un avance económico sólido en todos los frentes donde no dejan que esto se conozca. ¿Sabés cuántos afectados hay en Entre Ríos que no se sabe? Yo porque hasta ahora sé hablar un poco. Pero ¿sabés cuánta gente conozco que está afectada y que no... ? Acá en la zona, en todo Entre Ríos, en donde vos quieras. Hay gente encargada en toda las provincias, hay muchas fundaciones ambientalistas pero nunca vi que se trate de hacer un diagrama de la cantidad de gente afectada que hay. Yo las conozco porque recurren a mí para preguntarme qué es lo que puede pasar y todas esas cosas.

—¿Tenés obra social?

—Yo me jubilé por incapacidad. Me habían diagnosticado polineuropatía tóxica. Entonces me dieron la jubilación mínima, entonces eso me dio PAMI. El problema es que este tratamiento, como es terapia neural, que es medicina alternativa, para PAMI no existe. Entonces me va a salir alrededor de 37.000 pesos. Financié algo con créditos propios y hace unos días apareció la gente de ESBA, que es una sociedad  de Basavilbaso que se dedica a juntar dinero y me donaron 10.000 pesos. Cada viaje me sale 1.000 pesos, me habían prestado 4.000 o sea que para cuatro viajes tenía, cuatro sesiones, y cuatro años para pagarlo. Yo marco todo esto porque vos imaginate aquel que es afectado por esta porquería, que por lo general es pobre, ¿qué posibilidades puede llegar a tener? Yo estoy marcando todo esto porque me moví y tengo gente muy buena alrededor, porque por hablar y nunca callarme y tener muchos enemigos, llegué al día de hoy a estar vivo. Cuando fui el 3 de agosto a Buenos Aires tenía los días contados y yo no lo sabía.

—¿Cómo te arreglás para subsistir desde que no podés trabajar por tu enfermedad?

—Yo soy separado, tengo una hija de 17 años a cargo, es la que me acompaña adonde voy, a pelear, y al tratamiento. Y vivo con mi madre y un hermano. Juntando las tres jubilaciones, subsistimos. Esa es la realidad económica. Ahora, con semejante gasto que se originó con el tratamiento pensé más de una vez en dejar de hacerlo, porque sinceramente no me cerraban los números. Era imposible, por más que yo me quería curar, llegar a buen puerto con esto. No tenía cómo ir. Pero con la ayuda de esta gente más los créditos que tengo que pagar hasta el dos mil no sé cuánto, hasta ahora puedo seguir yendo. Mi pregunta es: ¿qué hacemos con los pobres intoxicados? ¡Son millones! ¡mi-llo-nes!

—¿Conocés gente en la zona que tenga problemas de salud como el tuyo a raíz del contacto con agrotóxicos?

—Conozco un montón de gente. Tengo al doctor Roberto Lescano. El consultorio de él se llena de casos, de consultas. Y vos escuchás un médico de la capacidad de Carrasco o de Lescano explicando el tema, y no hay manera de evitar relacionarlo con este problema. Son trescientos millones de litros de veneno esparcidos sobre la ciudadanía. Explicame vos cómo esos trescientos millones de litros de veneno no pueden afectar a todo a su alrededor. No hay manera.

—Bueno, esperemos que el Estado se haga cargo no sólo de controlar sino también de ayudarte en este momento.

—El estado está ausente de todo esto. Estoy hablando del gobierno provincial también, con Urribarri, con toda su comitiva, con el inexperto (Fernando) Raffo, que solamente sabe de medio ambiente cuando habla de pájaros; un incompetente total, total, con respecto al tema que nos afecta a quienes él debería cuidar. Como son obsecuentes de un modelo productivo, el gobierno nunca va a reconocer esto. Porque si por un lado aceptan inversiones de 1.500 millones de pesos de Monsanto en Córdoba, decime cómo le van a hacer caso a un piojo que habla de un pueblito, que tiene cero prensa. Hay nenitos con labio leporino, o con cáncer en el estómago como el nenito que murió hace poco aquí en Basavilbaso, que el padre trabaja en una estancia. En el hospital Posadas de Buenos Aires le preguntaron al padre si había tenido contacto con alguna sustancia tóxica o si vivía cerca de una planta nuclear. Entonces el padre lo relacionó con que al lado de la casa, donde vive en el campo, guardaban esos productos. Aparte el padre trabajaba en eso. Cuatro años, murió. Se llamaba Elías, tengo el apellido pero no tengo la autorización de decirlo por ser menor. Decime cómo no seguir con esto viendo ése y millones de casos más.

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Ternero bichado

—Yo no tengo huellas digitales —cuenta Tomasi antes de que la charla llegue a su fin. Se entusiasma en relatar otra de las consecuencias que dejó en su físico la polineuropatía y que hizo que también chocara con obstáculos burocráticos, como le pasó con la obra social—. No tuve el documento durante cuatro años. La abogada Graciela Gómez, que me visita en mi ciudad, se entera, se horroriza y manda una carta documento directamente al Ministerio del Interior. Cuando el señor Florencio Randazzo en persona me llama, a la mañana siguiente de presentado un recurso de amparo, me pide disculpas, me dice que no estaba enterado del tema. Llama a al ministro (de Gobierno de Entre Ríos, Adán) Bahl, quien le dice que yo había perdido las huellas digitales por alta exposición a agroquímicos. Dicho por el ministro, eh. A los tres días recibí el documento. Yo no podía votar, no podía sacar créditos, nada. A raíz de este movimiento de la abogada, me lo dieron. O sea, está amparado dentro de la ley; hay muchas personas que no tienen huellas digitales, pero a mí nunca me lo daban. Y yo como soy un eterno perseguido, como le digo a la abogada, no creo en las casualidades, es como que me dejaron como ternero bichado de lado. Siempre me pesa lo que yo digo, pero siempre trato de decir lo que pienso y creo que no estoy tan equivocado.

Fotos: Grupo de Reflexión Rural, Molina y Cia, FM Riel y Facebook
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Comentarios:
OMAR
09/10/2012 00:29
fuerza fabian. TAL VEZ ALGUN DIA LOS QUE MANEJAN EL PODER SE DARAN CUENTA QUE ESTE MAL MANEJADO LOS HACE MISERABLES
Hugo Torres
08/10/2012 08:56
Fabián, admiro y acompaño tu Fuerza. Las lágrimas no serán en vano... Esto ocurre mucho por la falta de prensa, y sobre todo por el descaro de los que aplican indiscriminadamente. Con tu ejemplo lo cambiaremos. Abrazo y Gracias.
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En agosto le dijeron que le quedaban seis meses de vida. Ahora un tratamiento le devolvió la esperanza, pero su obra social lo abandonó a su suerte. Esta es la historia de Fabián Tomasi, un hombre que da testimonio con su voz y su cuerpo de los estragos que causan los agrotóxicos y la desidia gubernamental.

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