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Delia, una abuela que busca
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lunes 29 de abril de 2013
Rubio y de ojos celestes. Así –dicen– era Martín cuando nació. El cordón umbilical fue lo único que retuvo su madre Stella Maris Montesano y que, de mano en mano y de celda en celda del Pozo de Banfield, llegó hasta su padre Jorge Ogando. Hoy están desaparecidos, pero la abuela Delia Giovanola busca a ese joven. Hace 37 años lo espera. Sueña con un abrazo eterno.
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Gisela Romero

Delia Cecilia Giovanola de Califano anda con su búsqueda a cuestas, hace 37 años. Desde el 16 de octubre de 1976, cuando una patota del Ejército se llevó a su hijo Jorge Oscar Ogando y a su nuera Stella Maris Montesano, que estaba embarazada, y dejó durmiendo en la cuna a Virginia.

Delia recién anda transitando los 87 años. Habla claro, trata de no quebrarse, porque si lo hace se le cierra el pecho y no puede respirar. Busca a su nieto Martín, que nació en 1976 en el Pozo de Banfield, un centro clandestino que funcionó en una dependencia de la Brigada de Investigaciones de esa ciudad del Gran Buenos Aires durante la última dictadura cívico militar. Lo busca rubio, de ojos celestes, como eran su madre y su padre, que están desaparecidos, y como era su hermana, a quien la depresión por no encontrarlo la llevó a decidir el fin de su vida el 15 de agosto de 2011.

Con esta búsqueda, Delia no desestima que se produzca el reencuentro con alguno de los 400 nietos que le falta hallar a Abuelas.

Martín también puede llamarse Ricardo, Gonzalo o Federico, y puede estar en cualquier lugar del país. Hoy debe ser un hombre, de 37 años, y Delia sueña con que recupere su verdadera identidad.

Virginia 3,
abuela Delia

La vida, que cambia

Delia era directiva docente y vivía en Villa Ballester, partido de San Martín, cuando se llevaron a su hijo y a su nuera. No tenía conocimiento de política, no entendía, nunca le había interesado. Pero cuando viajó a La Plata a averiguar qué había ocurrido con Jorge y Stella, entendió que ya nada sería igual. Regresó con su nieta, Virginia, de apenas tres años, que había quedado solita el día del operativo. A pesar de todo, juntas tuvieron una vida hermosa.


La vida desde el primer día de la desaparición de Jorge y Stella, me cambió radicalmente—le dice Delia a Telaraña—. Me traje a Virginia a vivir conmigo. Ahí tuve otro cambio en la vida, porque tenía que criar una criatura y pedí la jubilación, que no me la dieron enseguida. Entonces se produjo un nuevo cambio porque pasé a ser jubilada, con funciones de madre y no de abuela, hasta que Virginia se casó y fue un desarraigo más. Y con el suicidio, a partir del 15 de agosto de 2011, cambió mi vida nuevamente y me propuse, con más fuerza, continuar la búsqueda de Martín. La inicié por mi hijo y mi nuera, y la renuevo por Virginia.

Virginia
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Primero Delia golpeaba puertas sola, después le hablaron de otras mujeres que también comenzaban a reclamar por el paradero de sus familiares secuestrados. En un principio se resistía a conocerlas. No quería ir a la Plaza de Mayo, donde se reunían. Pensaba qué podrían hacer esas madres para encontrar a sus hijos. Sin embargo, un jueves de noviembre dejó sus dudas de lado y llegó, con su angustia e incertidumbre, al encuentro de las demás.

Azucena Villaflor fue una de esas mujeres que encontró en la plaza. No eran mucho más que dos o tres. Pero el grupo empezó a crecer, llamaban la atención de los transeúntes, pero mucho más eran el centro de miradas de la Policía y el Ejército. De ellos, pronto recibieron una orden: circulen. Y así, todas juntas, empezaron a rondar. Cada jueves, de 15.30 a 16, caminaban alrededor de la Pirámide de Mayo. Sin proponérselo, Delia fue una de las tantas madres que marchaba pidiendo la aparición con vida de sus familiares detenidos, y se convirtió además en una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo. Hoy continúa luchando por recibir algún dato, que la lleve a encontrar a ese niño.

La búsqueda está dirigida a Martín, nacido en cautiverio en 1976 —explica Delia—. Quiere decir que ese bebé que buscaba tiene que ser un hombre. Y sobre todo, va dirigida a la importancia de recuperar su identidad. Él puede tener una vida muy feliz, lo pueden haber criado muy bien, pero no ha tenido su verdadera identidad. Y si es casado y con hijos, sus hijos tampoco. Es una consecuencia lógica.

Durante 36 años Delia centró su búsqueda en varones nacidos el 5 de diciembre de 1976. Esta fecha fue revelada por una sobreviviente del centro clandestino que funcionó en la dependencia de la Brigada de Investigaciones de Banfield. La mujer relató que Stella volvió días después de dar a luz sólo con el cordón umbilical, que circuló entre los detenidos hasta llegar a manos de Jorge, con el mensaje de que “hiciera de cuenta que había vuelto a nacer Virginia”.

Sin embargo, en los últimos días de abril de 2013, Delia supo por una amiga de su nuera, que la vio tiempo antes de su desaparición, que Stella tenía fecha de parto entre el 1° y el 8 de noviembre de 1976. Este dato amplió el campo de búsqueda. Ahora, la abuela espera a un nieto que pudo haber sido inscripto en el Registro de las Personas después de esa fecha.

Le diría a Martín —o como quiera que se llame— y a los 400, que si tiene dudas se dirija a Abuelas, porque con un simple análisis recobraría su verdadera identidad. Nadie le va a quitar la vida que ha tenido, nadie lo va a obligar a que deje la familia, si lo une una buena relación porque tuvo una vida feliz, pero sí a recuperar su identidad, porque está viviendo una vida que no es la de él. Y le diría que lo espero con los brazos abiertos. Aunque no va a tener una abuela sino muchas, porque cada nieto que se recupera es el que todas esperamos.

Dejar todo en la búsqueda

Delia Cecilia Giovanola de Califano no estuvo sola en su peregrinar. Hasta hace casi tres años luchó junto a su nieta Virginia Ogando para encontrar a Martín. Pero a los 38 años, en Mar del Plata, Virginia dijo basta.

Era una criatura tan dulce, tan alegre, que nunca tuve problemas con ella, jamás —rememora Delia—. No necesitó psicólogo, porque no demostró tener ningún problema. Pero no quería participar en mis conversaciones, no quería escuchar, no quería tener una apertura sobre el tema. Nunca le oculté nada, hablaba delante de ella, pero ella se escabullía. Hasta que a los 18 años se le produjo un clic y empezó a buscar a su hermano. No dejó de buscarlo hasta el final y escribía numerosas cartas hablándole de la necesidad que tenía de encontrarlo.

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Me viene a la mente aquella frase de Galeano que dice "Hay un único lugar donde ayer y hoy se encuentran y se reconocen y se abrazan. Ese lugar es mañana." ¿Y sabes que? siento que ese mañana nuestro se aproxima —escribió en una de sus últimas cartas Virginia—. En estos días, en ocasión de los festejos por el bicentenario, fui viendo los distintos eventos que se llevaban a cabo en Buenos Aires y me fui deteniendo, con particular interés en algunos, entre los que me llamaron la atención me detuvo la serie de canciones que conformaban el homenaje al rock nacional e inevitablemente, el tránsito que por ese derrotero se llevó a cabo me condujo al recuerdo de papá y mamá, los imaginé entonces jóvenes, alegres, esperanzados, asistiendo a marchas, actos o simplemente disfrutando de esos temas tan ricos en sus letras y me sentí transportada en el tiempo y los ví, y los oí cantar ese himno que es "La balsa", subiéndose a la locura de partir hacia la búsqueda de un mundo mejor, yendo a naufragar. Y, por esas cosas que tiene la magia del pensamiento, al ver tanta y tanta gente festejando, me vi y nos vi, cantando entre esa multitud, y sentí que estaba junto a vos alegre y feliz y que, como consecuencia de tanta memoria acumulada, aquel naufragio se había transformado en dulce reencuentro.


Delia siente que debe encontrar a Martín, que es una deuda que tiene con su hijo desaparecido, pero también es un compromiso renovado con la memoria de su nieta y con la vida, que avanza inexorablemente para ella. Reprocha, con una sonrisa, “esa maldita costumbre de cumplir años” que tienen las abuelas, porque cada vela apagada implica un poco menos de tiempo para dedicarle al nieto que llegue. Aún así, la desvela el sueño de encontrar, por fin, a su querido Martín.

El encuentro será abrazada y llorando, por lo que representa, por la búsqueda de Virginia. Me hubiera encantado que ella lo encontrara y pienso que ese abrazo será muy emotivo. El encuentro de cada nieto es una fiesta en Abuelas. Todas estamos esperando a un nuevo nieto o a más de uno y vamos a seguir luchando por los 400, mientras nos queden fuerzas para hacerlo.


Fotos: Facebook-http://memoriastierra.blogspot.com.ar

Más datos:

Si dudás de tu verdadera identidad, podés comunicarte con Abuelas de Plaza de Mayo. (Virrey Cevallos 592 PB. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Teléfono (011) 43840983 o enviar un mail a abuelas@abuelas.org.ar

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Comentarios:
Norma
02/05/2013 11:48
Martín o como te llames, no te demores.... sólo amor y verdad te esperan y no hay mucho tiempo para esta amada,sufrida y valiente abuela.
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Delia, una abuela que busca
Rubio y de ojos celestes. Así –dicen– era Martín cuando nació. El cordón umbilical fue lo único que retuvo su madre Stella Maris Montesano y que, de mano en mano y de celda en celda del Pozo de Banfield, llegó hasta su padre Jorge Ogando. Hoy están desaparecidos, pero la abuela Delia Giovanola busca a ese joven. Hace 37 años lo espera. Sueña con un abrazo eterno.

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